Cosas para Recordar
La Ciencia Secreta de los Mapuches

Hija del Cacique Mapuche Quilprán, en 1868

Una amiga me hizo llegar un libro muy interesante, que habla de los conocimientos de la etnia Mapuche (aún viva en territorios del sur de Argentina y Chile).

El autor, Aukanaw,  habla de la distorsión que los antropólogos han hecho de su cosmovisión y de las distintas formas de interpretar los fenómenos naturales que tenía esta gente en la antigüedad.

Según algunas crónicas hispánicas de la América recién colonizada, los Mapuche habían formado un consejo de 12 sabios (los  kuifikeche) que llevaban un colegio para enseñar a los discípulos la sabiduría ancestral de este pueblo.

Su sede era localizada por los cronistas en una ciudad invisible  llamada “Cuidad Dormida” o “Ciudad de los Césares”  situada en la cordillera andina, de la que se decía volverían a presentarse los maestros como guías para la humanidad, al final de los tiempos, luego que varios desastres naturales asolaran la Tierra.

La cultura mapuche es una cultura chamánica, como la mayoría de las prehistóricas, donde  el rito y lo sagrado prevalecen en la persona del chamán (“Machi” para los mapuche), un ser con acceso a otras dimensiones cuya misión es la de preservar los ritos y la sabiduría ecológica entre el humano y el cosmos.

Lamentablemente la colonización mediática de los desiertos sureños por las radios y las televisiones, hizo que desaparecieran muchos Machis, y que en la actualidad el pueblo mapuche tenga muy pocos chamanes con capacidades extrasensoriales.

Para el pueblo mapuche (como para toda cultura chamánica), todo acto cotidiano tiene un sentido sagrado: desde alimentarse hasta la higiene personal, todo está dentro de la vivencia espiritual.

Para convertirse en un Machi, la persona debe atravesar pruebas rituales. Una especie de viaje místico de descenso a los avernos  (muerte simbólica como ser humano,  descenso al mundo de las almas de los muertos “Ng’llcheñmaiwe”) y renacimiento en un nuevo estado trascendental. Tanto el origen como el final de la vida, están en la Madre Tierra.

El mapuche cree que si no vive en su Tierra, tendrá una muerte espiritual, una especie de “estar muerto en vida”, por ello, la violación de sus territorios en los últimos años (perpetrada por la empresa Benetton y por otras multinacionales), es un delito mucho más grave de lo que se toma por la vía judicial.

Es de destacar que en la descripción del mundo inferior que hacen los mapuches, podemos encontrar asombrosas coincidencias con las creencias griegas antiguas y el Bardo tibetano. En general podemos encontrar sorprendentes coincidencias en las culturas prehistóricas por ejemplo en cuanto al origen de la vida, el génesis parece haberse copiado fractalmente entre la mayoría de los pueblos antiguos. En mi libro “Noosfera, la Mente del Planeta Tierra” he escrito todo un capítulo sobre este tema.

El viaje de iniciación del Machi es prácticamente igual al que se describe en el Libro de los Muertos del antiguo Egipto.

Otra de las características interesantes de la cosmovisión mapuche es su multidimensionalidad.  Este pueblo cree que un mismo Ser  puede manifestarse en distintas formas según sea el estado de conciencia que se experimente.

Un mismo Ser puede cambiar de forma, pasar de animal a humano o de piedra a animal. Para ellos hay estados ordinarios y no ordinarios de la realidad, y las personas y todos los seres vivos pueden trascender los límites entre ambos. Los mundos paralelos (incluso habitados por seres fantásticos) son totalmente reales para ellos.

Lo mismo sucede con los sueños. Para el pueblo mapuche el sueño es tan real como el estado de vigilia. Lo que sucede en los sueños, es vida y experiencia en otro estado de conciencia.

Es también muy interesante que cuando un miembro del pueblo cuenta una experiencia vivida, ésta pudo haber sido en un estado de conciencia ordinario o trascendental, pero no necesita explicar al grupo en qué estado de conciencia se encontraba, pues el pueblo sabe muy bien qué tipo de vivencias pueden experimentarse en uno u otro estado.

En la cordillera de los Andes, se produce un fenómeno inexplicable que aún representa un misterio para muchos investigadores:  el cherufe.

Un especie de bola incandescente que se desplaza por el cielo de forma horizontal y recorre el firmamento a unos 50 kilómetros por hora. Se han descartado varias hipótesis, ya que estas bolas son capaces de esquivar los árboles siguiendo su trayectoria. Para los mapuche, estos chew’fe son espíritus relacionados con las personas vivas. Ya hablaré en otra nota en más detalle sobre estas entidades.

La medicina mapuche es una medicina basada en la dinámica de las energías.  El Ser está interrelacionado con el cosmos y las fuerzas que en él operan influyen en su salud, lo mismo que el Ser influye en el cosmos.

Aquellas energías que son perturbadoras y maléficas se las llama wekufü, tienen la propiedad de poder ser concentradas y enviadas a distancia por medio del pensamiento como la luz de un láser, o también concentrarse dentro de un ser vivo y convertirlo en enfermo y diabólico, destruyendo su armonía interna. Es maravilloso cómo los mapuche ya sabían de la influencia de las emociones en la salud física, pues para ellos el odio y la envidia son formas de proyectar hacia otros la energía wekufü. También tenían en claro los conceptos de la armonía y la entropía de los cuerpos.

Los endoparásitos del wekufü son vistos por el chamán como formas de insectos, gusanos y desagradables bichos dentro del cuerpo. Ideas obsesivas, emociones reprimidas, odio, resentimiento, son todas formas de parásitos wekufü para los mapuche.

Las energías wekufü pueden provenir de las propias emociones, de ataques de brujos, de ataques de otros espíritus malignos o almas de los muertos y también del consumo de alimentos no consagrados (comer de lo que no se tiene permiso o sin haber realizado el ritual correspondiente). Es interesante recordar aquí que todos los pueblos antiguos realizaban rituales antes de comer.

En general eran de agradecimiento a las fuentes que se lo proporcionaban,  (en el caso de las plantas se agradecía a la madre Tierra y se volvía a plantar una semilla por cada planta arrancada) y cuando se mataba a un animal se lo hacía a través de un ritual, presentándole respetos y agradeciéndole el sacrificio.

No es extraño que enfermemos con toda esta comida procesada. Se ha demostrado que las plantas (dotadas de mente, sentidos e inteligencia) sufren cuando no son comidas a través de un ritual. El mes que viene les ofreceré un artículo sobre la inteligencia de los vegetales en nuestra querida revista La Que Faltaba.

En fin, seguiré hablándoles de los Mapuches en futuras notas, ya que nuestra civilización ha gastado ríos de tinta, quemado pestañas y consumido mucho dinero, para llegar a las mismas conclusiones que nos revela el estudio antropológico.

Los mapuche ya conocían perfectamente las energías destructivas de nuestro cuerpo y la relación simbiótica de todos los seres que nosotros consideramos orgánicos e inorgánicos.

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